15.5.11

Tolerancia y agravios

No sabes qué problema estás por enfrentar, tampoco quise decírtelo porque siempre lo negué, me hice creer que podría ser mejor que esto, pero aquí está mi verdad: estoy por perderte. Me da terror pensar que este odio que me envuelve en tardes calurosas, de esas que me abruman incluso dentro de la piel, sea sólo él manifestándose en mi sangre, haciéndome débil a su voluntad, débil de mente, débil de corazón. Ya tenía presente mis fallas en inteligencia emocional, pero está fuera de mis manos, supuse que algún día simplemente llegaría a mi vida alguien que me hiciera creer lo contrario, y así ha sido, en tiempos distintos, realidades fugaces, pero en los momentos como ahora, que no controlo lo que digo, que no fijo mi mirada hacia ti, que te castigo, me castigo, en el instante mismo en el que callo e imagino todo lo que podrías arruinar, el odio se asoma de mis pupilas y me domina, el odio que heredé, transmitiré y abusaré para al fin estar en mi lugar, ese al que siempre correspondí incluso entre tus brazos. Me rehúso a que huyas, pero cariño, lo siento, esto sólo es el inicio. Después viene la locura.

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