17.2.11

Me detuve unos segundos. Paré los círculos, infinitos, rutinarios.
Volteé la mirada, detrás de sus cabellos y las hojas ya marchitas.

Volví al nido, ese que tanto odiabas y odiabas más decirlo.
Se escurrieron tus versos, los impresos y ocultos también.

Sin exhalarte, guardo un fantasma en mi memoria.




Y hoy, con seguridad, me alegro de que huirá con el tiempo.

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