10.9.10

De rojo a café, café a verde, verde a blanco.
Resulta extraño que es más jugoso en su punto más podrido.
Sangre que brota y descompone. Se esparce desde las entrañas hasta los poros.
Enferma, enerva la sangre aún sana. Está en control, a punto de pudrirme,
hasta ser polvo.

Que si sé que no es su culpa sino mía, pero es más fácil dejarse infectar.
(Es mejor culparla, como si ella fuera capaz de entrar a mi cabeza e inseminar este odio que no me deja desde entonces.)

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