17.1.10

Silencio

Por más que mis ojos estuvieron abiertos, no logre ver nada.
Cada minuto era igual al anterior, mi vista jamás logró adaptarse.
Más que oscuridad, era el abismo en todo su esplendor.

Y el frío no ayudaba, mucho menos el silencio.
No era normal este silencio. Era tan presente y majestuoso, que lo percibía con mis cinco sentidos. Y al hacerlo con el oído, reparé en que su naturaleza lo concebía ruidoso. Estridente.

Pronto entendí donde me encontraba. No sabía si sentirme especial o asustada, estaba segura que ninguna otra persona había estado en mi lugar antes, y seguramente, tampoco lo estaría después.
Estaba nada más ni nada menos que en el lugar físico de la soledad. Allí dónde todos hemos querido escapar alguna vez, y que hemos tratado de evitar otras más. Pero jamás de la manera como yo. Todos hemos recibido una probadita, pero a mí me consumía por completo. Soledad. ¿Permanecería aquí el resto de mi vida? ¿Sería capaz de soportarlo? Me volvería loca por el silencio antes de averiguarlo.

Lo sabía, era mi fin. Debí saciarme de sus labios, su piel. De todo él antes de partir. Debí decirle cuánto lo amaba y todo lo que era, es y será para mí. Debí robarme un poco de su dulce olor y obligarlo a murmurarme al oído, hasta hacer temblar mis rodillas. Debí llevar su semilla en mi vientre cuando pude, así no me encontraría aquí. Así no estaría sola.
El orgullo cavó mi tumba.


(Quizás lo mejor hubiera sido suicidarme antes de conocerte, pues ya sabía que una persona como yo estaba destinada a algo como esto. Un corazón como el mío, tan accesible y cerrado, presagiaba la tragedia. )

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